tierna la caricia que tu luz dorada da a mi cuerpo terrestre,
la delicada y sutil caricia que el viento toca mi rostro en el alba,
el ladrido solidario del perro que anuncia la llegada del nuevo día,
gracias Dios Padre Sol, tu nos ayudas a re encarnar cada día,
tu y solo tu nos das el consejo de disfrutar las verdaderas riquezas de la vida,
el calor que induce tu energía en este cuerpo de carne y hueso,
dichoso el que nació en este paraíso del Gran Dios Sol.